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FMAC

ACIME pertenece, desde 1993, a la Federación Mundial de Antiguos Combatientes (FMAC) organismo que agrupa a asociaciones de excombatientes e inválidos de más de 63 países, con un número de asociados sLogo FMACuperior a los trescientos millones.


Éste es un extracto del artículo de PRIMARLO, publicado en el número 44 de la Revista Soldados Viejos y estropeados, que ayudará a comprender cuál es el espíritu de la FMAC:

La palabra guerra que, según Bouthoul, responde a un grito de lucha bretón “werra” del cual se ha derivado la inglesa war y la alemana web, tiene como fenómeno humano múltiples definiciones, pero todas ellas llevan anejas el considerar un grado mínimo de cultura y organización, en la que juegan un papel muy importante los principios morales, los sentimientos, y los dogmas jurídicos y culturales, por eso podemos decir, que desde el principio no existió la guerra, y si esto es cierto, no puede considerarse aquella como un atavismo de los hombres, como un salto atrás, un volver a la Edad de Piedra, cuando la guerra es todo lo contrario, es un producto de la civilización, un fenómeno cada vez más sofisticado que, a pesar de los convenios internacionales establecidos y el afán desplegado por todos en hacerla menos cruenta, en cada guerra sucesiva aumenta la crueldad, o peor aún, la violencia en razón directa al grado de civilización de los pueblos.
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Si en tiempo de paz la política exterior de los pueblos se desenvuelve en un juego simultáneo entre la coacción y la diplomacia, con mucha mayor intensidad continuará en tiempo de guerra, pues ésta la podemos considerar como un proceso degenerativo de la diplomacia, pero las acciones diplomáticas nunca se deben abandonar, son las únicas que pueden devolver ese bien perdido que es la paz, o paliar los efectos de la guerra.
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El siglo XX puede considerarse como el siglo de la Guerra, en su más pura definición, ya que lleva en sí todos los argumentos que lo configuran como tal, del mismo modo que el XXI por los síntomas iniciales será el de las grandes amenazas y el terrorismo a gran escala. En el siglo pasado, se respiraba en el ambiente la palabra guerra, sobre todo en la denominación de los organismos encargados de llevar adelante el: “Si vis pacem Parabellum”. Desde principios del siglo XX, en España, como en casi todos los países, es decir, durante el periodo de la Monarquía y la República, al ministerio que englobaba al ejército de tierra se le llamaba Ministerio de la Guerra y los cursos profesionales de Estado Mayor se realizaban en la Escuela de Guerra y en la Escuela de Guerra Naval.
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Todo esto lo sabemos, pero algunos países quieren desconocerlo y alguien tiene que decirlo en los foros internacionales, esto es lo que hace la Federación Mundial de Antiguos Combatientes y Victimas de Guerra, F.M.A.C, premio Nobel de la Paz, que agrupa a todas las federaciones y asociaciones nacionales e internacionales que la conforman 180 países, con un aporte humano de unos treinta millones de afiliados de las más diversas etnias, religiones, ideologías y situaciones socio-culturales y económicas de países ricos al lado de otros inmensamente pobres, todos antiguos combatientes o personas que han servido en Operaciones al servicio de la Paz de las Naciones Unidas, actuando en esta asociación con la más completa independencia de los gobiernos de sus países respectivos y cuyo principal objetivo es el mantenimiento de la Paz y la Seguridad internacionales por la aplicación en la letra y en el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas y el respecto por los derechos y libertades fundamentales enunciados en la Declaración universal de los derechos del hombre.
Contribuye la F.M.A.C., a la defensa de los intereses morales y materiales, por todos los medios lícitos puestos al alcance de todas las asociaciones y de todos sus asociados, a la inserción de todos ellos en sus sociedades respectivas superando los efectos físicos y psico-sociales consecuencia de los conflictos armados, poniendo los medios legales para lograr la readaptación médica, y social, y otras medidas apropiadas ejercidas sobre los países afectados, pero sobre todo promociona la cooperación y relaciones directas de amistad entre las asociaciones o federaciones nacionales y el cambio de experiencias en todos los dominios que afecta a sus intereses, promoviendo también la amistad entre los pueblos antes enfrentados y tratando de aproximar las posiciones de los pueblos en lucha.
La amistad entre todos los pueblos es altamente grata, pero utópica, en tanto los hombres no se esfuercen en suprimir las barreras artificiales de raza, religión o ideológicas que los separan, informando a los gobiernos respectivos y a las Naciones Unidas, representada en todas Asambleas de la F.M.A.C., sobre los medios que se consideran más eficaces para deshacer esas barreras, con el aporte de la experiencia de unos hombres que han hecho la guerra y no la quieren porque conocen las causas que la promovieron y consideran que casi todas ellas con buena voluntad y cierta presión mundial se pueden vencer estas posiciones discrepantes, pero además entre ellos se encuentran muchos discapacitados por la guerra y nadie mejor para conocer no solo las causas sino sus terribles consecuencias, que con una buena política de concordia hubiera impedido tanto sufrimiento y quebranto moral.
La F.M.A.C. condena los terrorismos, y luchó tenazmente por el establecimiento del Tribunal Penal Internacional, siendo éticamente deplorable que algún país por supuestos particulares le niegue jurisdicción
Se hizo eco persistente en la lucha contra las armas bacteriológicas, químicas o nucleares, pero sobre todo en influir sobre los gobiernos respectivos de la necesidad urgente de destruir todos los depósitos de minas contra personal y proceder a la localización y destrucción de las minas esparcidas sobre el terreno.
Como colofón podríamos decir que, si el siglo XXI es el del terrorismo a gran escala, de lo que no cabe la menor duda es que la presión excesiva o los hechos consumados terminan siempre en una guerra de alcance insospechado, por lo que la F.M.A.C. sensible a estas situaciones, con su gran influencia y prestigio, tendrá siempre como objetivo primordial el relajar tensiones y buscar la Paz por todos los medios.
En el Torreón del Arco de Santamaría, de Burgos, en la sala de Poridad, en donde se reunían los ediles hay escrita una máxima, que responde al espíritu de la F.M.A.C.: “CON LA CONCORDIA CRECEN LAS COSAS PEQUEÑAS; CON LA DISCORDIA SE DERRUMBAN LAS GRANDES”.

1989-2014

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