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Los soldados estadounidenses vuelven a casa

“Estamos acabando la guerra, pero no nuestro trabajo en Irak”

Las últimas tropas de combate estadounidenses abandonaban el pasado día 19 Irak rumbo a Kuwait tras 7 años de misión en este país.

Una misión que, según el portavoz del Departamento de Estado, P.J. Crowley, no ha llegado aún a su fin: “estamos acabando la guerra, pero no estamos acabando nuestro trabajo en Irak”. Estados Unidos tiene un compromiso largo con el país, donde permanecerán 50000 soldados estadounidenses que participarán, entre otras cosas, en las tareas de formación de las fuerzas iraquíes.

Además, pese a la retirada de la brigada, ni la Casa Blanca ni el Pentágono han dado por finalizada la misión de combate en Irak, fijada para el próximo 31 de agosto. Según recoge el diario El Mundo, la CNN apunta que la salida de las últimas tropas de combate deja el número de soldados estadounidenses desplegado en Irak en 56000.

Este mismo diario, recoge en su edición digital del 20 de agosto un interesante artículo que pone de manifiesto las consecuencias que la guerra de Irak ha tenido, y tendrá en los soldados que regresan a casa tras participar en un conflicto de estas características.

La tensión y el estrés de la guerra dejan graves secuelas psicológicas en miles de soldados, que sufren depresiones y otros trastornos mentales. El más común es el conocido como “estrés post-traumático”, que consiste en un estado de extrema ansiedad como resultado de haber estado expuesto a una situación muy traumática.

Se estima que entre un 15% y un 20% de los soldados estadounidenses que vuelven de escenarios de combate como Irak o Afganistán sufren este tipo de trastorno que se manifiesta con algunos de estos síntomas: insomnio, pesadillas que les hacen revivir momentos dolorosos vividos y una manifiesta irritabilidad.

Según explica El Mundo, si tenemos en cuenta que 1,7 millones de personas han servido al Ejército en este tipo de misiones, el volumen de personas afectadas podría ascender a más de 350.000 personas. Una de las consecuencias de este fenómeno es el espectacular aumento de los suicidios dentro del ejército, que el primer semestre del año alcanzó un récord histórico: 145 soldados se quitaron la vida. Cifra que se vería considerablemente aumentada si se incluyera a los veteranos de guerra ya retirados del ejército. Algunas estimaciones hablan de 6.000 muertes al año.

Afortunadamente, el Pentágono lleva meses intentando mejorar sus servicios de asistencia psicológica a los soldados, dejando atrás la idea extendida de que pedir ayuda ante este tipo de situaciones era un signo de debilidad. Entre las nuevas medidas destaca la puesta en funcionamiento de un teléfono de asistencia a aquellos que tienen tendencias suicidas. Sólo el año pasado recibió 119.000 llamadas.

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